Segundo: Tauro

Si aún no lo han hecho, les recomiendo leer el artículo que explica cómo se puede ver el zodíaco como una colección de doce tipos psicológicos y así adquirir contexto.

Después de superar a la Fuerza de la Noche en el equinoccio, la Fuerza del Día irrumpe en Aries con el deseo adolescente de automanifestación como una individualidad antes de volverse más concreta y persistente, pues Tauro es la reacción a la acción de Aries. Después de las inseguridades internas, consideradas por el individuo Aries como una virtud o un desafío, Tauro asigna un valor superior a la seguridad. El instinto pionero da paso a la capacidad organizativa del colonizador. La energía generada en Aries se concentra en poder en Tauro, donde encuentra el material necesario para iniciar el trabajo, cualquiera que sea. Lo que en Aries es un simple movimiento en línea recta que podría durar para siempre, en Tauro se convierte en emoción circular a través de objetos, de los que surgirá un sentido definido de la individualidad y su destino limitado.

Aries y Tauro son complementarios, pero no como Aries y Libra, que son verdaderos opuestos y sus actividades van en direcciones opuestas. Aries va hacia el máximo de la Fuerza del Día, mientras que Libra intenta alcanzar una intensidad más alta de la Fuerza de la Noche. Ningún gesto de individualidad puede resultar demasiado atrevido para Aries, así como las relaciones en Libra adquieren un tono idealista y romántico. Tanto Aries como Tauro son peldaños en la escalera de la Fuerza del Día. Sin embargo, en Aries es acción directa ya que lo que más le preocupa es superar decisivamente a la Fuerza de la Noche. Una vez que esto suceda, se debe estabilizar y restringir voluntariamente el flujo de la Fuerza del Día, que es la tarea de Tauro. Aries y Tauro forman un acoplamiento operativo: dos signos consecutivos, por tanto relacionados en el Tiempo, donde el primero se llama símbolo raíz, fijando el tono del acoplamiento, y el segundo es el símbolo de confirmación. En la astrología tradicional, los primeros se llamaban signos masculinos (Yang) y los segundos femeninos (Yin). A diferencia de los signos separados por 180°, y por tanto relacionados en el Espacio, los símbolos de confirmación no se oponen a su símbolo raíz sino que modifican su energía hacia un nuevo objetivo.

La diferencia entre las energías de Aries y Tauro es su propósito. En realidad son dos fases de la misma energía. En Aries, el propósito es dinámico, mientras que en Tauro es orgánico. Cuando un ácido corroe una pieza de metal, hablamos de desintegración, una actividad dinámica; pero cuando el ácido clorhídrico del estómago digiere las proteínas, la actividad corresponde a una función orgánica. El ácido del estómago realiza una función necesaria para el cuerpo humano y está regulada por dicha necesidad.

Aries actúa y la acción es su propia justificación. Hay una cierta compulsión del destino detrás de las acciones, debido a la Fuerza de la Noche que aún es fuerte, pero el individuo Aries prácticamente no se da cuenta y su conciencia está satisfecha por haber realizado la actividad. Para la persona Tauro una acción sin un objetivo claro no tiene sentido, debe estar relacionada con algo. La actividad en Tauro debe serle útil al organismo para quien se realiza. Por ejemplo, el sexo para una persona Aries es prácticamente una forma de liberar tensiones. Para él, el acto en sí es su justificación, una actividad que proyecta la fuerza individual, pero para una persona Tauro, el sexo significa una actividad necesaria para lograr algo definido y concreto, típicamente un hijo.

Un Signo Productivo

La palabra clave de Tauro es producción. Toda actividad debe ser productiva, siempre y cuando sea importante. La producción depende del control de la naturaleza o de las energías humanas básicas. Tauro hace que la energía de Aries sea concretamente útil. La energía productiva, cuando es controlada y moldeada, se convierte en poder. Tauro marca uno de los cuatro momentos del año en que la vida actúa de manera definida y creativa, en términos de poder y propósito. Los 15° de Tauro, junto con Leo 15°, Escorpio 15° y Acuario 15°, dividen equitativamente la cruz formada por los equinoccios y solsticios. Son los puntos de mayor liberación de poder y propósito, llamados grados de los Avatares y simbolizados por el Toro, el León, el Águila y el Ángel, respectivamente.

Tauro es el “buen suelo”, la Madre generosa, quizás por eso siempre fue considerado un signo femenino. Pero su símbolo astrológico es el Toro, que no es un animal femenino. Por tanto, es importante no poner demasiado énfasis en sus características pasivas y receptivas. Tauro no es sólo el signo donde la Fuerza del Día se convierte en poder concentrado para un objetivo concreto, sino que también simboliza la gran fuerza disponible en lo más profundo de una sustancia que puede considerarse rudimentaria. El “buen suelo” es el humus negro, de unos pocos centímetros de espesor, sin el cual la vida no existiría en la Tierra. En dicha capa, las vibraciones de la tierra y la radiación solar se mezclan y dan lugar a la fertilidad.

Poder Desde las Profundidades

Así como la vida existe superficialmente en la Tierra, experimentamos el mundo exterior a través de nuestra piel y sus sentidos. Además, el reino de la consciencia es la capa más superficial del vasto subconsciente, y las facultades racionales y analíticas de lo que llamamos “intelecto” no son más que la superficie del desarrollo global de la consciencia humana. El intelecto no se revelará plenamente hasta Géminis, pero tal cosecha primaveral está condicionada por el “suelo” de Tauro, que fue fecundado por Aries como por una “Visita” divina, el descenso del poder. Sin embargo, la sustancia de todo crecimiento evolutivo le pertenece a Tauro, símbolo del poder que produce constantemente nuevos organismos.

Tauro es la actualización evolutiva desde lo más profundo hacia arriba. En Tauro, todas las energías son empujadas hacia la superficie por la voluntad y el deseo del sol, razón por la cual un individuo del tipo Tauro encuentra una fuente de poder en las profundidades raciales de su subconsciente. Escribe Rudhyar: “Tauro se identifica con la raza que le ha acompañado mientras lucha incansablemente para poder armonizar su voluntad consciente con aquella finalidad superior que le dirige desde sí mismo hasta el próximo estadio de evolución. Las manifestaciones exteriores de esta voluntad impersonal, instintiva o cósmica pueden retrasarse pero no detenerse”.

El Lado Oscuro

Todo esto da origen a la fuerte determinación, la firme voluntad en sí mismo, y la estabilidad de objetivos que caracterizan al individuo Tauro. Sin embargo, esas características a menudo producen un sentimiento de posesión, un sentimiento que a menudo es el resultado de una necesidad interna que debe ser satisfecha. Todo lo que satisface la necesidad adquiere un valor tan enorme que parece imperativo que el individuo asegure su posesión. Por lo mismo, la persona Tauro considerará la utilidad de todo, ya sea de una persona, una situación o una relación. Esto no se debe necesariamente al egoísmo, sino que puede deberse a su creencia de que una experiencia no tiene sentido a menos que persiga un objetivo particular.

La Fuerza de la Noche opera activamente en Tauro, aunque no con tanta fuerza como en Aries. La fijeza de objetivos de una persona Tauro no le deja lugar en su consciencia, aunque todavía está presente en su subconsciente. Puede manifestarse como una intoxicación basada en el sentido irracional o supraracional de identificación con un propósito místico. Tiene la sensación de que se le ha conferido el poder de una comunidad invisible que da lugar a imágenes de profeta, mesías, redentor o avatar. Esto se manifestará en grandes gestos o en pequeños detalles, o ambas cosas. La imagen puede ser una ilusión o una realidad, sólo los resultados determinarán cuál eventualidad ocurre.

Sobre el Apego

En “Los Dones del Espíritu”, Rudhyar escribe: “Tauro significa la completa sumisión del hombre al ritmo natural de la actividad humana. Es el símbolo del ‘apego’. El apego, aquí, no implica necesariamente una esclavitud negativa o compulsiva a la naturaleza; sino significa una identificación muy profunda con las energías de la naturaleza humana, con los procesos evolutivos que operan dentro del hombre normalmente de manera subconsciente y que nos conducen a metas ordenadas por la Vida o por Dios”—el énfasis es mío.

Gautama, el Buda, nació en la Luna Llena de mayo y, según la tradición, alcanzó La Iluminación y murió en esa misma Luna Llena. Puede que sea sólo un símbolo, pero pone un fuerte énfasis en el profundo significado de Tauro, ya que el budismo se basa en el desapego. Por supuesto, el desapego existía antes de Buda, especialmente en las antiguas tradiciones hindúes desde los Upanishads. En las Eras astrológicas, la Era de Tauro (tercer y cuarto milenio a.E.C.) fue el período de las religiones “vitalistas” en las que se deificaron los poderes de la fertilidad natural. Los grandes pueblos agrícolas de esa época creían que los humanos sólo podían crecer mediante su apego a los poderes rítmicos de la naturaleza. Eso cambió gradualmente en el segundo milenio a.E.C. (Era de Aries) cuando una actitud de desapego desafió la de apego. Pero fue Buda quien formuló una filosofía universalmente válida y una actitud religiosa práctica basada en la nueva orientación, una filosofía que prometió la “salvación” del sufrimiento y la muerte inherentes en la naturaleza.

La antigua actitud hindú de desapego se basaba en el hecho de que llega un momento en el que hay que dejar ir lo que poseemos y disfrutar de lo que queda de nuestro cuerpo y de nuestra vida. Este fue un enfoque pasivo (negativo) para practicar el desapego que el Buda transformó en una actitud activa (positiva) y deliberada de desapego. Enseñó un método racional y basado en desarrollar consciencia para comprender la verdadera naturaleza de nosotros mismos a través del control de nuestros deseos. Este control no se logra mediante la represión sino centrando nuestra inteligencia clara en el proceso de formación, crecimiento e inevitable desaparición de tales deseos. Nuestro apego a los objetos terminará en dolor, nuestro apego a la vida terminará en muerte, así que ¿por qué no rendirnos desde el principio, voluntaria y resueltamente? Una vez más, Rudhyar: “Matar la semilla del dolor marchitando la maleza del deseo con el fuego de la consciencia y la comprensión: esto es ser sabio. Esto es seguir el Noble Camino, Arya Dharma, la ‘verdad que hace libres a todos los hombres’”. Hice hincapié en todos los hombres porque el Buda democratizó La Iluminación de tal manera que ya no era privilegio de una casta en particular.

Don de Desapego

Cualquiera puede blandir la espada del desapego que atraviesa el velo de la naturaleza y las polaridades de la vida y la muerte, el amor y el odio, la alegría y la tristeza, todo lo cual se encuentra en la raíz de la naturaleza humana. Consciente de los perpetuos flujos y reflujos de la vida, el Sabio no se identifica ni con el flujo ni con el reflujo. Al no estar apegado a ninguna polaridad de la vida, sin desear nada (ni siquiera dejar de desear), entra en Nirvana, una palabra muy mal entendida en Occidente que significa, simbólicamente, una “ausencia de vehículo”, tal que el Sabio iluminado se relaciona como consciencia pura.

Todas las cosas compuestas terminarán podridas. Cada entidad que encuentre su expresión en una forma, nombre o conjunto de atributos en particular tendrá que perder eventualmente esa forma, nombre o conjunto de atributos. Aquello que escapa a la decadencia universal encuentra su manifestación en cualquier cosa o condición, pero el Buda nunca explicó qué era “Aquello”, porque él fue un realista práctico que evitaba las cuestiones metafísicas y enseñó: Abandona el apego a todos los deseos y serás “Aquello”. Nirvana es, pues, una condición. No se refiere a un ser al que debemos adorar ni a un lugar donde van los “salvados”. Todos podemos alcanzarlo, si nos atrevemos a comprender y afrontar el fin inevitable de todas las cosas, si nos atrevemos a desarraigar de lo más profundo de nuestro ser y de nuestra consciencia esa fuente de toda esclavitud y sufrimiento, si nos atrevemos a ser libres y, lo más importante, si no sólo nos atrevemos sino que aplicamos la técnica de la liberación con perseverancia.

Desapego es el Don del Espíritu para la personalidad de Tauro porque el signo representa simbólicamente al “tipo de persona que vive fundamentalmente en su apego a la naturaleza y al ideal de crecimiento natural y realización en organismos sustanciales nacidos de la tierra”, según Rudhyar. Este apego e identificación con el ritmo del universo puede producir gran belleza y ricas respuestas a la vida y al amor, las cuales son muy bienvenidas en nuestra época mecanicista. Tauro es un canto a la esclavitud de la “vida”. Es el maravilloso esclavo de un gran amo, más allá de toda medida. Más grande aún es el espíritu dentro del hombre, enseñó el Buda, porque no es esclavo de ningún amo, ni siquiera de la vida, del amor o de ningún dios convocado por nuestro deseo de un Padre universal. El espíritu dentro del hombre es inherentemente libre, no conoce putrefacción ni dolor.

Dentro del núcleo de todas las experiencias humanas hay una quietud y una paz que se pueden sentir cuando cesa toda sensación y que se puede conocer cuando todo conocimiento falla. Ser esa quietud y esa paz es libertad. Debemos esforzarnos por conseguirlo con diligencia, incesantemente y, sin embargo, sin prisas, con serenidad, sin desear sus dones.

Siempre Amor. 🌹🙏💖

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