Primero: Aries

Si aún no lo han hecho, les recomiendo leer el artículo que explica cómo se puede ver el zodíaco como una colección de doce tipos psicológicos y así adquirir contexto.

Todo ciclo tiene un comienzo. En el caso del zodíaco como ciclo anual de la experiencia humana, ese comienzo es Aries, cuando la planta en germinación avanza lentamente, buscando la luz del sol después de un invierno largo y frío. Las fuerzas del Día y de la Noche tuvieron la misma intensidad en el equinoccio de primavera, pero sólo por un instante. En Aries, finalmente se ha impuesto la Fuerza del Día. Después de desempeñar un papel secundario en la ópera de la vida desde Libra, finalmente consigue el papel principal. Con un dejo de inseguridad en su voz y miedos ocultos en sus alardes, en Aries la personalidad llega a la adolescencia.

El miedo sumado a la anticipación ansiosa, la torpeza y la confusión emocional, así es la vida de un adolescente. Él (o ella) corre hacia el deseo pero retrocede ante el menor daño. Se siente valiente. Hay una necesidad interna que lo obliga a seguir adelante con valentía y, sin embargo, a veces anhela la protección y seguridad de la “Madre Tierra”. Este esquema psicológico se aplica bastante bien a la naturaleza de un individuo Aries. Tiende a exhibir inestabilidad emocional y deseo instintivo, una aguda sensibilidad disfrazada de comportamiento indisciplinado, una serie de cambios espontáneos y una creencia excesivamente compensadora en sí mismo. El objetivo de Aries en la vida es adquirir una verdadera identidad, pero eso aún no sucederá ya que Cáncer es el signo de la personalidad integrada. Entonces, en cambio, busca el poder que le demostrará a sí mismo que él es y no por la autosatisfacción. Puede que persiga “las mujeres, el vino y el baile”, factores externos para combatir sus inseguridades internas.

La Fuerza de la Noche Sigue Fuerte

La Fuerza del Día acaba de superar a la Fuerza de la Noche. En el individuo de Aries, su nostalgia es tan fuerte como su impaciencia. Su sentimentalismo se siente tan profundamente como su pasión. Más que cualquier otro signo, siente fuertemente la necesidad de un amor general, más que de un amor dirigido a alguien en particular. Necesita amor porque es fundamentalmente una persona que teme al mundo y se siente sola. Sin embargo, no puede soportar la idea de servidumbre dentro de una unión o asociación permanente porque debe continuar creciendo y convertirse en la personalidad requerida por la Fuerza del Día que empuja con intensidad fálica, una personalidad que madura lentamente en su psique. No puede parar, porque hacerlo puede atraparlo en el pasado (Piscis) del que acaba de emerger. Tiene un miedo instintivo a la rutina y debe crear una sensación de movimiento cambiando constantemente las estructuras, sus propios horizontes e incluso sus lealtades, para generar la ilusión de crecimiento.

La Fuerza del Día es Entusiasta

Cualquier tipo ordinario de Aries negará con vehemencia estos rasgos ocultos. No puede dejar de avanzar para dedicar tiempo a comprenderse a sí mismo, pues no le interesa generar consciencia sino una personalidad. Puede no ser considerado un pensador, a pesar de cuán profundos sean sus pensamientos, sino un emprendedor, un ser en constante actividad externa. Poco le importa en qué o dónde actúa, siempre y cuando sienta que se mueve de acuerdo con su destino y gasta grandes cantidades de energía en el proceso. Una personalidad más integrada puede actuar más deliberadamente porque sus acciones provienen de una individualidad relativamente fija, pero el tipo Aries se ve a sí mismo siempre en proceso de formación. No se ve a sí mismo como un producto terminado y, de hecho, no está realmente interesado en terminar lo que empieza. Está absorbido por el acto de crear, no por sus creaciones. Lo que más le interesa es fertilizar un campo virgen antes de pasar al siguiente.

Un individuo de tipo Aries es lo que Rudhyar, él mismo Aries, llamó una persona “impersonal”. Le gusta dar pero no necesariamente una parte de él, ofrece energía en bruto, la energía de la Fuerza del Día que desborda en él. Tiene problemas para hacer algo suyo. Sin embargo, si lo hace, se volverá muy importante (al menos por un tiempo), y se apegará a él con una pasión nacida del miedo y la soledad, y convertirá ese tema en el símbolo de su personalidad, ya que es lo único que realmente anhela hacer suyo, y que nunca estará seguro de tener del todo ya que nunca lo considera “terminado”.

Un Equilibrio Precario

Como dijimos anteriormente, las fuerzas del Día y la Noche estuvieron en equilibrio en el equinoccio. En las cúspides de cada signo, hay un salto cuántico en las intensidades de la fuerza o en sus flechas de tendencia. En los equinoccios, el salto cambia qué fuerza prevalecerá y el individuo se siente atraído internamente por los dos opuestos. Esto hará que el tipo Aries sea una persona nerviosa, inquieta, irritable y neurótica, sus neurosis motivadas por lo que hace y derivadas de la sensación de no poder alcanzar lo que desea, tal vez por obstáculos insuperables o por falta de interés personal en sus actos, lo que le da una sensación de desperdiciar mucha energía y pasión. Sin embargo, la energía desperdiciada no es “suya” sino simplemente la que necesita para seguir avanzando. Así, sus actividades, deseos, emociones y creaciones nunca cesarán.

Es muy posible que las personas que lo rodean no se den cuenta de esto, porque no sólo está absorto en la acción, sino que también es un actor. Interpretará a un personaje dirigido por un comediógrafo invisible de manera que le hará sentir seguridad en su destino personal. Puede volverse devoto de una gran causa debido a sus inseguridades personales, teniendo “romances de adolescente” con algún “Profesor”, simbólicamente hablando, en quien proyecta su anhelo de personalidad. Pero Aries siente el “latido de la vida”, el poder de Aries es como el del relámpago proveniente del Inconsciente Colectivo, el poder de la revelación y del Destino. Tal poder da un comportamiento precursor e impersonal a la conducta individual de Aries. A pesar de sus deseos, la máxima expresión del poder de Aries no es una personalidad sino el Hombre, la humanidad en su conjunto. En un nivel ligeramente inferior, un grupo social, una nación o una raza puede ser capaz de expresar sus deseos y necesidades a través de un individuo tan impetuoso.

El Lado Oscuro

Tan pronto como se da cuenta de que a través de él se está realizando algún destino superior, el orgullo del ego puede hacer su aparición. Puede volverse arrogante y exigente con la sociedad. Es un orgullo adolescente, mezclado con un peculiar sentimiento de inseguridad porque, en el fondo, sabe que la fuente de su poder es externa y que puede perder contacto con ella, dejándolo vacío. Esta es la principal diferencia entre el orgullo de Aries y de Leo, este último se centra en la personalidad de Cáncer y le grita al mundo: ¡Yo soy! En Aries, el soy es más importante que el yo. Se siente orgulloso de lo que se realiza a través de él, de la gran fuerza a su servicio y del poder Yang (masculino) dentro de él. No está especialmente orgulloso de quién es, porque nunca está del todo seguro de ello.

Aries es el amanecer de una personalidad como objetivo consciente dentro del desarrollo humano. Al amanecer, la luz de la consciencia avanza desde el Este, iluminando gradualmente el reino del Día, mientras que la oscuridad todavía está presente en el Oeste antes de verse obligada a retirarse bajo el horizonte, en el reino de la Noche, el subconsciente. Cuando un hombre se despierta, se enfrenta a sus sueños, a los recuerdos del estado nocturno de la psique. La irracionalidad de esos sueños permanece en esos momentos de vigilia. De manera similar, la Fuerza de la Noche todavía es evidente en Aries y él se apoya en las “ideas”, la “razón” y la “lógica”, el lenguaje de la mente consciente, de manera casi devocional como testigos del triunfo de la Fuerza del Día sobre los fantasmas irracionales de la Noche.

La Fuerza de la Noche en Aries

Sin embargo, si el individuo Aries no se queda exclusivamente en su mente consciente y se aventura en su subconsciente, probablemente encontrará una fuente de las fantasías más prolíficas. La Fuerza de la Noche fue más fuerte en Capricornio, donde formó el Estado, y disminuyó a partir de entonces. En los dos signos siguientes, la necesidad de formar un gran “todo” adquirió un significado espiritual, más allá de lo físico y social. Acuario es idealismo social, reforma y transformación bajo la influencia de Urano, y en Piscis la Fuerza de la Noche impulsa a la “Iglesia Triunfante”, la “Hermandad Blanca” o la “Comunión de los Santos” simbolizada por Neptuno. En Aries alcanza un significado aún más trascendental con su simbolismo del “Cordero inmolado por la redención de la humanidad”, es decir, el martirio, donde finalmente podrá alcanzar en la inmortalidad la personalidad que tanto busca.

El equilibrio entre la mente consciente y subconsciente es bastante sutil tanto en Aries como en Libra, los signos equinocciales. En Aries, la fuerza del Día gana en intensidad tan pronto como pasa el equinoccio y se convierte en la energía dominante, pero que debe honrar el pasado y su Fuerza de la Noche. En cierto modo, Aries se ve obligado a sacrificar su pasado, tal vez quemarlo en el altar, y ese sacrificio debería ser un acto sereno y maravilloso. Pero la Fuerza de la Noche en su inconsciente lo hace sentir como un gesto verdaderamente dramático que provoca la autocompasión que a menudo se observa en personas del tipo Aries. Es el resultado de la decadente Fuerza de la Noche que aún está unida a su dominio preponderante y es uno de los rasgos negativos de Aries, junto con las dudas sobre la “utilidad” de todo ello y el sentimiento de ser el eterno “chivo expiatorio” del destino. Sólo pueden superarse mediante el proceso de individuación, mediante el cual el ego consciente “asimila los contenidos del Inconsciente”, utilizando la terminología de Carl Jung.

Aries 19°

En el equinoccio, Aries 0°, la consciencia lucha por salir de un sueño largo y profundo, como cuando registramos por primera vez un pensamiento consciente por la mañana. La victoria final de la Fuerza del Día no se producirá hasta su decimonoveno grado, el día oriental de la Resurrección. Más adelante en Leo, el ego consciente se realizará plenamente en el gozo de la expresión personal creativa mientras que en Aries 19° triunfa la Fuerza del Día, la aparición simbólica del primer amor adolescente. Cabe mencionar que en numerología, el número 19 es un número profundo al combinar el 1, el número de nuevos comienzos, con el 9, el número de finalización. La energía representada por el 19 es inconfundible y puede ser de gran ayuda a la hora de crear una nueva realidad en la vida.

Don de Adaptabilidad

Cada acto de vida requiere una liberación de energía para romper con la inercia del pasado. Hay individuos cuya función principal es iniciar acción, iniciar el desarrollo de ciclos y liberar el tipo de poder que permite que nuevas ideas y nuevos planes se manifiesten en la consciencia de los hombres. Estos individuos que pueden ver y seguir adelante con visión y compasión prometeicas pertenecen al tipo Aries. A ese tipo, y a toda persona que siente surgir en él la impetuosidad y el liderazgo de iniciativa que simboliza Aries, el Espíritu ofrece un don preciosísimo: Adaptabilidad. Un don fundamental porque, para tener éxito, todo nuevo cambio debe adaptarse a las condiciones en las que se produce y a la finalidad que da sentido a tal acto iniciático.

La capacidad de adaptación es clave para realizar una existencia orgánica o para lograr resultados espirituales. Esto último implica que se ha satisfecho una necesidad vital, y ningún curso de acción puede satisfacer esa necesidad sin tener en cuenta las condiciones que la generaron. Una planta o un animal que no se adapte a su entorno se enfrentará a la extinción, y un ser humano que no se adapte a su entorno, o se rebele significativamente contra él, se encaminará hacia un colapso físico, mental o moral. El poder de adaptación va desde el camuflaje de muchos animales, en particular el camaleón, hasta el dicho social: “En Roma, haz lo que hacen los romanos”. Incluso los hombres que encarnan respuestas más sutiles y más amplias a los valores espirituales, los verdaderos ocultistas o místicos, generalmente buscan atraer la menor atención posible, para ser libres de cultivar sus características psicológicas poco comunes.

Espíritu y Fe

Para sobrevivir en una civilización, un hombre debe adaptarse a sus condiciones o ser capaz de producir una “semilla” transformadora que satisfaga una necesidad, al principio subconsciente, de su raza, cultura o de toda la humanidad. En este caso, el individuo actúa como instrumento de Espíritu. Recuerden que usamos Espíritu para referirnos al derramamiento activo de lo que es plenitud y equilibrio absoluto, el poder que busca restablecer la armonía y el equilibrio funcional dondequiera que estos hayan sido perturbados. Debe actuar allí donde haya totalidades, es decir, en todas partes. Reúne e integra a través de una estructura adecuada las polaridades que se han distanciado. Escribe Rudhyar: “En su aspecto más profundo y vitalmente experimentado, Espíritu es la respuesta a todas las necesidades humanas”.

Espíritu debe experimentarse siempre donde la necesidad es mayor, donde la mente y el corazón han experimentado el tormento del máximo vacío. Nada de Espíritu puede sucederle a un hombre que no cree en la posibilidad de que suceda. Citando a Rudhyar: “Sólo la fe puede abrir el vaso vacío de la personalidad al influjo de aquello que emana de la Plenitud absoluta, esta Plenitud que el hombre, al no poder captar su infinidad, oculta de su visión ciega bajo los muchos nombres de Dios”. La fe es como el acto de respirar conscientemente. Hay aire a nuestro alrededor, entonces, ¿por qué gastar energía para aspirarlo en el acto de respirar? Porque, al permitir su irrupción en los pulmones, permitimos nuestra vida biológica, por supuesto. Del mismo modo, no puede haber vida espiritual en integridad, en individualidad y en verdad sin actos de fe y de profunda inhalación psíquica. Vivir en fe es vivir en plenitud y armonía.

Últimos Pensamientos

El tipo Aries es, sobre todo, un individuo que libera en actos (a menudo de manera espontánea) impulsos instintivos o ideas espirituales, por lo que no es muy bueno en el tipo habitual de adaptabilidad. Él existe predominantemente en lo que deja salir de sí mismo. No está interesado en quedarse con ninguna parte de la energía, biológica o espiritual, que libera, y tampoco le importan mucho los resultados finales de tal liberación. Como mencionamos anteriormente, vive en el acto fecundativo mismo, más que en o para los frutos de tal acto. Puede parecer egoísta pero no está interesado en acumular beneficios para sí mismo, ni en extraer un precio de aquellos con quienes contacta, es simplemente que lo que más le interesa es actuar una y otra vez en aras de liberar “semilla”, sea esa semilla de vida o espiritual. Puede actuar egoístamente para obtener, retener o aumentar esta capacidad de fecundar, pero actuará como liberador de algún poder que no puede controlar ni le interesa comprender en la mayoría de los casos.

Semejante actitud explica por qué la falta de adaptabilidad puede no ser demasiado importante para el individuo Aries que fecunda vida inconscientemente, habrá hecho su parte y el resto le corresponderá a la “Vida” o a “Dios”. Sin embargo, cuando la actividad es consciente, la adaptabilidad es primordial, porque hay muy pocos individuos que puedan actuar como liberadores de nuevas Imágenes Espirituales. Deben adaptarse para entregar su “semilla” a través de canales socialmente aceptables, o al menos que causen la menor fricción, para proteger la integridad de la “semilla” entregada, porque existe una delgada línea y un acto de equilibrio entre adaptarse y cederse. El tipo creativo de Aries debe hacer malabares constantemente para ser comprensible para quienes necesitan excitación espiritual, pero sin distorsionar el mensaje; utilizar los valores nacidos del pasado, pero no subestimar el futuro ante el presente incierto; ser amable con los hombres, pero fiel al Espíritu.

Mientras que su temperamento enfatiza una liberación directa sin importar el costo o los resultados, debe darse cuenta de que su actividad esté arraigada en la compasión y no en el puro gozo de la liberación creativa. Debe aprender a actuar no desde una fuente espiritual vagamente percibida, sino como Espíritu en respuesta a una necesidad, y el acto debe adaptarse a la necesidad. Esto significa no sólo ser adaptable en términos de los destinatarios o la visión espiritual sino también a la relación entre el creador y su fuente creativa, ya sea vida o Espíritu. Debe aprender a adaptar sus liberaciones al ritmo natural de los flujos y reflujos biológicos y espirituales, así como al carácter de la necesidad humana que estas liberaciones se esfuerzan por satisfacer. Dirigiéndose a la humanidad dirá: “Su necesidad será colmada”. E, inclinándose con reverencia y gratitud ante la fuente de donde procede todo poder creador, añadirá: “Su ritmo me guiará”.

Siempre Amor. 🌹🙏💖

0

Comentarios

Deja un comentario