Si aún no lo han hecho, les recomiendo leer el artículo que explica cómo se puede ver el zodíaco como una colección de doce tipos psicológicos y así adquirir contexto.

Tercer Modo: Mutable
Fuerzas: 1↓ Día y 6↑ Noche
En Sagitario, la novena fase del ciclo anual de experiencia humana, la Fuerza de la Noche crece hasta su cúspide en el solsticio, el poderoso sexto nivel. El poder que en Libra y Escorpio luchó para ampliar los horizontes y los sentimientos, es capaz de actuar sin oposición de la Fuerza del Día que se reduce a su base, el primer nivel. Las preocupaciones colectivas prevalecen sobre las individuales y la sociedad domina la personalidad. Es un momento para consideraciones amplias, no para puntos de vista estrechos.
Es el momento de grandes aventuras, amplias generalizaciones inexploradas, filosofía, religión, abstracciones y metafísica. Las Cruzadas, las peregrinaciones en busca de Dios, la búsqueda de los valores eternos y de lo absoluto. Es también la época del fanatismo, del martirio y de la intolerancia. El momento en el que el hombre puede perder el contacto con su propia autoconservación y la búsqueda de la felicidad personal y, en cambio, volar hacia ideales sociales o místicos por los que con gusto morirá. El proceso social que comenzó como un ideal de Libra y se estableció emocionalmente en Escorpio amplía los horizontes mentales en Sagitario.
Mientras que en Géminis, su polo opuesto, el hombre construye una red de conexiones estrechas: el sistema nervioso, un sistema de razonamiento y lógica intelectual, o una técnica de experimentación para satisfacer su curiosidad por todo lo que le rodea, en Sagitario se preocupa por las cuestiones sociales o factores místicos tales que la red que construye se basa en conexiones más amplias. Estas relaciones formarán un “sistema nervioso” de los organismos sociales que son su máxima prioridad. Un buen ejemplo es el complejo sistema de leyes y normas que aseguran la salud de la sociedad.
Dos Tipos de Mente
Ambos tipos de conexiones implican actividad mental, por lo que tanto Géminis como Sagitario son considerados “signos mentales”. En el primero tenemos la mente operando dentro de la esfera personal más pequeña, mientras que en el segundo trabaja en la esfera social más amplia. Sin embargo, Rudhyar enfatiza que en ambos signos la mente opera de manera directa y constructiva, a diferencia de la mente crítica y destructiva de Virgo y Piscis, que en el mejor de los casos podría llamarse regenerativa.
En la etapa final de crecimiento de una fuerza espiritual, ya sea del Día o de la Noche, la mente actúa como el agente final de integración para una personalidad o una civilización, respectivamente; cabe recordar que Espíritu es el integrador Principio de la Totalidad actuando en el reino de la Vida. Esa mente de los signos que preceden a los solsticios tiene un propósito diferente a la de los signos que preceden a los equinoccios, cuando una de las fuerzas espirituales supera a la otra.
La mente en Virgo y Piscis trabaja para hacer borrón y cuenta nueva hacia un nuevo tipo de actividad impulsada por la fuerza espiritual que prevalecerá en el equinoccio. Actúa recordándonos constantemente que “ni esto ni aquello” son aptos para el viaje, por así decirlo. Es un tipo de mente que nos invita a olvidar, crecer y trascender. En Virgo, las expresiones sentimentales y dramáticas de Leo son guiadas por la autodisciplina y el sacrificio, mientras que en Piscis lo que hay que superar es la excitación social y el idealismo exagerado de Acuario.
El Centauro
El símbolo de Sagitario es el centauro mitológico, una criatura mitad hombre y mitad caballo, que algunos astrólogos han tomado como símbolo de la lucha entre las naturalezas terrestre y espiritual, aunque tales luchas son comunes en todos los signos. El caballo es el símbolo del poder útil, a diferencia del toro (Tauro) que es el poder puro e indómito. El poder de Sagitario proviene de organizar lo que el hombre logró experimentar profundamente en Escorpio, el signo con el poder bruto de la fusión con los demás de modo que el hombre sea más que él mismo. Inicialmente ese “más” es la fusión sexual dos en uno con el amado que no está ni remotamente interesada en la procreación. De ahí, probablemente se expandirá hasta una verdadera identificación de sus sentimientos con los del grupo más grande, convirtiéndose así en un portavoz constructivo o destructivo del grupo, dependiendo de la energía y el propósito de dicho grupo.
El poder siempre intenta expandirse a niveles superiores antes de fluir hacia un nivel más bajo que pueda fecundar o gobernar. En Sagitario, el poder ya está en el individuo que se ha identificado con el grupo, la sociedad o cualquier vida orgánica mayor que él mismo. La mitad hombre del centauro es capaz de aprovechar ese poder para alcanzar objetivos más elevados y más lejanos. Si el caballo es energía disponible, el hombre hace uso consciente de esa energía.
Pero hay un tercer elemento: el arco y la flecha, símbolos de dirección y meta. Las flechas apuntan hacia el cielo a 45°, la dirección de viaje más lejano. Sagitario ya está empoderado por los resultados de las interacciones sociales: sexo, arte, negocios, marketing, comercio, etc. Su problema no es cómo reunir más poder sino descubrir dónde y cómo canalizarlo, y el símbolo muestra la dirección correcta.
Arquitecto de Civilizaciones
Cuando hablamos de Escorpio, mencionamos que el producto deseado de la Fuerza de la Noche es una civilización, al igual que una personalidad es lo que la Fuerza del Día intenta construir. Ambas nacen y maduran en los solsticios por lo que los signos que los preceden son los responsables de su forma y sustancia final, actuando a nivel de mente constructiva. Lo que en Libra era la simple percatación de nuestro impulso social inherente de ser más que nosotros mismos, que puede simbolizarse con la unión de manos, y que en Escorpio se convirtió en una unión de corazones y poderes creativos, debe dar lugar a una unión de mentes en Sagitario. Es entonces cuando la consciencia social encuentra su propio campo de acción y la civilización emerge de la naturaleza.
Capricornio es el signo que construye la civilización real que Sagitario arquitectó, al igual que Cáncer crea una personalidad real diseñada en Géminis. Así como los signos están emparejados en seis ejes complementarios, como Sagitario y Géminis, también están emparejados como seis acoplamientos operativos: signos consecutivos que tradicionalmente han sido llamados masculinos (Fuego y Aire) y femeninos (Agua y Tierra), aunque esos nombres sólo transmiten el aspecto de “acoplamiento”. Rudhyar les cambió el nombre a símbolos raíz y de confirmación, para enfatizar su naturaleza “operativa” dentro del par. Vale la pena señalar que, mientras que los signos equinocciales marcan el final de uno de esos pares y el comienzo de otro, los signos solsticiales ocurren dentro de un acoplamiento, teniendo ambos signos el sexto nivel (máximo) de una fuerza Espiritual.
Visionario Pragmático
Como señala Rudhyar, la mente del tipo Sagitario es muy coherente, por eso es a la vez testarudo e intolerante, todo se valora desde una perspectiva de ley y organización. Sin embargo, lo que más le preocupa, casi le obsesiona, es la estética, pero como un sistema de relaciones humanas y no como un sueño ideal. No es un idealista y prefiere ampliar lo que ya ha surgido de las estructuras sociales. No es un inventor, es más bien un intérprete, siempre encuentra nuevos significados y dimensiones de pensamiento, arrojando luz sobre temas oscuros, traspasando los velos de la ignorancia, uno por uno. Sin embargo, no se perderá como Escorpio en completa identificación con energías ilimitadas o como Acuario en una consciencia mística.
Sagitario nunca pierde la noción de los límites, de la forma y del ritmo. Él no es el águila sino el caballo, su poder proviene de la realidad que se conoce y se vive. Apunta sus flechas al cielo pero siente la tierra debajo de él como una fuente de poder. Un poder para ser utilizado, no por el cual será esclavizado. Dirigirá su poder de la misma manera que un guerrero dirigiría su caballo en la batalla, sabiendo que su vida depende de ello. Le gusta el ejercicio físico, sentir el suelo bajo sus pies y trabajar en colaboración con los demás, sintiendo la sociedad y sus grupos. No le gusta estar solo o limitado a la monotonía en su entorno. Puede intentar organizar la vida de otras personas, a menudo con resultados desagradables o contradictorios. Le encanta gestionar y dirigir el poder, y siempre se apresura a hacerlo.
Como mencioné anteriormente, Sagitario ha estado vinculado a la religión organizada y sus ritos, la cual nace de una necesidad de identificarnos con la totalidad de vida de la comunidad. Los profetas transforman esa energía en “imágenes de salvación” para la comunidad y la administran sacerdotes o jefes de un gobierno teocrático. Y el signo también remite a la filosofía y la metafísica, donde intenta establecer un orden factible a la gran complejidad de los procesos naturales y sociales. Es capaz de hacerlo descubriendo conexiones ocultas y correlaciones posibles entre eventos que ocurren, los cuales luego se interpretan y formulan como leyes.
Viajará por el “mundo de las ideas” con el poder que obtiene al identificarse con las necesidades del grupo. Para un tipo Sagitario suficientemente evolucionado nada es más importante que las “necesidades de los tiempos”, las necesidades de la comunidad a la que pertenece. Su percatación y el grado de identificación con tales necesidades lo convierten en un pensador o un profeta. La persona Sagitario se convierte en las necesidades de la comunidad. Puede interpretar los “signos de los tiempos” y estar al servicio de la comunidad.
El Lado Oscuro
Como se insinuó anteriormente, este es también el signo del fanático y del puritano. Dado que la Fuerza del Día está a un nivel muy bajo y se está reduciendo al mínimo base, una persona Sagitario tendrá poco respeto por el individuo. El bienestar de la comunidad es más importante intrínsecamente que cualquier preocupación personal. Se puede encontrar un testamento histórico en la Inquisición Española y su énfasis en la salvación del alma, mientras el cuerpo es torturado; en su carta, España tiene su Sol, Ascendente y Marte en Sagitario. Por otro lado, las frustraciones de Escorpio también pueden dar lugar al fanatismo de Sagitario, con énfasis en la crueldad y el sadismo. En algún giro de la lógica, a la comunidad se le otorga el derecho a la salvación a expensas del sufrimiento y de las vidas de sus miembros.
El valor objetivo de la individualidad puede ser tan vago y el sentido social tan irreprochable que a veces debe recurrir a la evasión subconsciente y a la excitación de la violencia para adquirir un sentido de su propia personalidad. Desafortunadamente, esto es bastante común entre la gente de Sagitario y más aún cuando la sociedad que le rodea presenta tal caos que lo llena de energías destructivas, lo que a menudo le da un aura de arrogancia. Una vez más, esto se debe a su propia rendición a las fuerzas colectivas, ya que la Fuerza del Día está tan débil que apenas parece una fuerza. En palabras de Rudhyar, necesita una “carne fuerte” para ascender como individuo y, una vez ascendido, puede actuar compulsivamente con las tendencias negativas de un Escorpio, o tal vez peor, porque la mente y su destreza intelectual están en control y no las emociones. La compasión de Júpiter se convierte en sadismo inconsciente.
Don de la Camaradería
La civilización se ocupa de la transferencia de conocimientos y sabiduría de una zona geográfica o generación a otra. Por tanto, se ocupa de verdades genéricas aplicables a otros y al futuro. La misma universalidad y atemporalidad conlleva algunas posibilidades negativas. Al encajar en todas partes y en cualquier momento, sus verdades no pueden tocar la vida de un individuo en particular, dando lugar al lado oscuro del signo. Sin embargo, Espíritu sólo habla a los individuos sobre preocupaciones individuales. Sus regalos se dan a individuos, aun cuando sus contenidos son de interés universal.
Hoy en día, los universalistas y civilizadores a menudo olvidan que la sociedad está compuesta de individuos, con aspiraciones e inquietudes individuales. A aquellos que olvidan la humanidad de quienes buscan convertir a alguna gran (o no tan grande) visión civilizadora, Espíritu ofrece un don esencial: Camaradería, que puede definirse como la práctica de una convivencia cálida y cooperativa con otros seres humanos tratados como personas humanas. Citando a Rudhyar: “Ser camarada de otros individuos es enfrentarlos en términos de sus necesidades y caracteres individuales, no al nivel de abstracciones o creencias dogmáticas, sino de la vida concreta, real y cotidiana. Es enfrentarlos como personas únicas a través de sucesos únicos que requieren formas únicas de cooperación y comprensión.”
Han pasado ochenta años desde que Rudhyar escribió esas palabras, pero aún debemos poner atención en este siglo a ese llamado a la camaradería, tal vez más que en el pasado. La palabra deriva de camera que significa “habitación”, e indica el comportamiento cuando más de una persona están juntas en la vida cotidiana, lo que implica compartir actividades cotidianas, como trabajar o dormir, así como problemas cotidianos dentro de un espacio común. El espacio debe estar delimitado, aunque puede abarcar desde una pequeña habitación, un palacio o una ciudad, hasta el planeta entero. Además, los camaradas comparten el espacio no por un pasado o ascendencia común sino debido a actividades comunes, como se indicó anteriormente, y tal vez a un propósito común.
Vivir en un espacio reducido promueve el respeto y la tolerancia. Más que cualquier otra cosa, los camaradas se ven obligados a considerarse unos a otros como seres humanos y no simplemente como autómatas representativos de algún ideal o visión genérica, guiados por principios o dogmas abstractos. Deben aprender a entenderse unos a otros como personas individuales y no como servidores de alguna Causa social, de un Estado geográfico y sus gobernantes, o de un Dios celoso y sus sacerdotes. Rudhyar escribe: “La verdadera camaradería opera a un nivel donde el fanatismo y la intolerancia no pueden existir”. Sostiene que su práctica es un arte, porque exige que los camaradas sean creativos en cómo tratarse entre sí, una gran atención a los detalles, un compromiso continuo con un toma y daca objetivo y una comprensión del significado y propósito de las actividades que reunieron al grupo en ese lugar.
Un Arte Muy Difícil
Visto de esta manera, la camaradería es el arte de vivir juntos. Exige esencialmente que ninguno de los camaradas dé nada por sentado en su relación, ¡o en sí mismo! Así como el pintor creativo ve un paisaje nuevo y fresco, independientemente de cuántas veces haya ido antes a la playa, las relaciones de camaradería deben comenzar de nuevo cada vez; sus camaradas siendo facetas únicas de la humanidad que aportan nuevos puntos de vista y habilidades a los desafíos de la vida cotidiana. Debería ser obvio que quien actúa de conformidad con un conjunto rígido de convenciones, sigue una serie de dogmas vinculantes o es fanáticamente devoto de dioses o ideas, no puede ser un camarada. Puede ser un partidario ejemplar, un mártir, un excelente trabajador, jefe o sirviente, pero no un camarada.
Camaradería es, al mismo tiempo, cúspide de la consciencia social y antídoto contra una sociedad excesivamente civilizada. La camaradería exige respeto a la dignidad de cada persona en una civilización impulsada por constantes generalizaciones y objetivos remotos que intentan hacer inútiles las preocupaciones individuales e inmediatas. La camaradería enmarca los objetivos civilizados dentro de una comprensión psicológica de los vecinos y amigos como individuos que tienen actividades y problemas similares. Es valorar lo que está cerca en un mundo obsesionado con objetivos lejanos.
Camaradería es la respuesta a la necesidad más aguda de la civilización occidental y, de hecho, el mejor don para alguien que vive el lado oscuro de Sagitario. El líder religioso que no piensa dos veces en arruinar la vida de alguien para “salvar su alma”, el líder de una nación que se preserva mientras millones mueren de hambre, o los grandes esfuerzos por salvar a niños lejanos mientras se ignoran los barrios marginales locales, son todos signos de una civilización enferma. El canto de camaradería no debe acallarse. Debemos volvernos expertos en vivir juntos como camaradas y amigos. Escribe Rudhyar: Camaradería es la sustancia viva de una civilización fiel al Espíritu.
Siempre Amor. 🌹🙏💖
Comentarios
Gracias siempre. Buenísima reflexion que inspira! Abrazos